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En respuesta a las lecturas litúrgicas del Domingo, 12 de octubre de 2008: Isaías 25:6-10; Filipenses 4:12-14; 19-20; Mateo 22:1-14 En nuestra primera lectura, Isaías nos presenta la visión de Dios de una montaña donde la paz y la justicia reinan. Allí habrá un festín con vinos exquisitos y manjares sustanciosos. Dios destruirá la muerte para siempre y enjugará las lágrimas de todos los rostros. Sin duda, todos nosotros deseamos tomar parte de ese paraíso donde todas las personas estaremos unidas en el respeto mutuo y el amor verdadero. Lamentablemente, vivimos en un mundo mucho menos perfecto. Demasiadas veces nuestro amor falla y nuestro respecto se desfigura por el racismo o discriminación. El 12 de octubre se reconoce como El Día de la Raza. Es un día para conmemorar la llegada de los europeos a las Américas y su encuentro con las razas indígenas. Desde aquel entonces, nuestro país ha experimentado siglos de confrontaciones raciales como de adaptaciones raciales. De hecho, la discriminación, sea personal, social, institucional o estructural, ha disminuido pero no ha desaparecido totalmente en los Estados Unidos. Los obispos estadounidenses en su carta pastoral sobre el racismo declararon: "El racismo es un pecado: un pecado que divide la familia humana, borra la imagen de Dios en unos miembros específicos de esa familia, y viola la dignidad humana fundamental de las personas llamadas los hijos del mismo Padre." Por toda la Biblia, pero más notablemente en la vida de Jesús, vemos a Dios llamándonos a aceptar las personas como nuestros hermanos y hermanas, sin consideración de su origen étnica o raza. La ley de Moisés está claro: "No maltratarás ni oprimirás al extranjero porque ustedes mismos fueron extranjeros en Egipto." Jesús expandió sobre este mandamiento y acogió a todos los que sufren discriminación: mujeres, leprosos, niños, extranjeros, pecadores públicos, cobradores de impuestos, y los pobres. El apóstol Santiago aplicó esta enseñanza en su carta, escribiendo: "Como la escritura dice, ‘Ama a tu prójimo como a ti mismo.’ Pero si hacen diferencias entre personas por su apariencia exterior, cometen un pecado y están culpables delante la ley de Dios." Si se le pregunta, nadie admitirá que hace distinciones entre personas por su raza. La palabra "racista" es una palabra fuerte con muchos sentidos. Pero si la entendemos como juzgar a alguien por el color de su piel o por su origen étnica, casí nadie admitirá que discrimina. Sin embargo, los sociólogos han encontrado una parcialidad racial omnipresente en la conciencia de la mayoría de los estadounidenses. Los encuestadores descubrieron una parcialidad racial escondida o subconsciente que la mayoría de las personas no reconoce porque nuestra cultura nos ha implantado unas asociaciones específicas en nuestras mentes. Esto ocurre aun con inmigrantes que llegan a los Estados Unidos con poco prejuicio, pero dentro de unos años, ellos absorben el racismo dominante de nuestro país y a veces se vuelven más racistas en sus opiniones que personas nacidas en este país. El racismo o la discriminación no es simplemente problemática entre los negros y blanco. La discriminación afecta a todas nacionalidades y grupos étnicos: asiáticos, africanos, latinos, medio-orientales, e indígenas. En algún momento, generalmente cuando somos jóvenes, nos enseñan que unos grupos étnicos específicos tienen ciertas características negativas. Fácilmente podemos juzgar a todos en este grupo en la misma forma, y así hacer generalizaciones y aceptar estereotipos. Con más edad es más difícil cambiar o contrarrestar estos estereotipos, aun cuando los confrontemos con bastante evidencia al contrario. Los mayores de edad mantienen estos prejuicios más arraigados que jóvenes. Por ejemplo, 35% de los estadounidenses mayores de 60 años de edad creen que no es aceptable que blancos y negros sean novios, mientras que solamente 16% de las personas entre las edades de 40 y 60 desaprueban las relaciones interraciales en parejas y solamente 6% de los con menos de 30 años de edad se oponen a estas relaciones. A lo largo de la historia de los Estados Unidos, diferentes grupos étnicos han sufrido discriminación intensiva. Por casi un siglo, había letreros en muchos lugares que decían, "Los irlandeses no deben solicitar trabajo acá." Después de la primera guerra mundial, las leyes migratorias de los Estados Unidos se cambiaron para excluir los europeos sureños, es decir, los italianos, porque supuestamente fueron sucios e incultos. Los asiáticos han sido los sujetos de discriminación desde que los chinos fueron contratados en el siglo 19 para cosechar los campos, trabajar en las minas y construir las líneas del ferrocarril para extender la frontera occidental de la nación. La esclavitud de los afro-americanos y sus descendientes ha resultado en el racismo más duradero, comprensivo y opresivo que el país ha experimentado. Aun las reacciones discriminatorias actuales a millones de hispanos que han entrado en este país en las últimas décadas no compara con el racismo persistente sufrido por el pueblo afro-americano. Ahora, entra Barach Obama en el escenario nacional – un hombre cuya madre fue blanca y cuyo padre fue africano. ¿Cómo él está visto entre nosotros? ¿Cómo reaccionamos a él? ¿No votaemos por él porque es negro? ¿Diremos que no somos racistas pero una vez que estémos en la privacidad de la casilla, rehusaremos a votar por un afro-americano? Los encuestadores dicen que el voto de aproximadamente 6% de los votantes estará determinado por razones de raza. Esto quiere decir que probablemente votarán en contra de Barack Obama solamente por el color de su piel. Por el otro lado, la mayoría de los negros votará por él, y algunos de ellos tal vez lo harán solamente por el color de su piel. Por ser negro, ellos creen que él promoverá su propio interés. ¿Cómo viera todo esto Jesús? ¿Formará su opinión sobre un candidato basado en el color de su piel? Aunque los apóstoles criticaron a Jesús por haber hablado con una mujer samaritana por el pozo, nuestro Señor la respectó a ella, le miró al fondo de su corazón, y descubrió su potencialidad. No la juzgó por ser una mujer ni por ser extranjera. Así nosotros debemos examinar el valor de la persona, su nivel de experiencia, la fuerza de su carácter, y sus posiciones políticas. Debemos juzgar y escoger bien a nuestros candidatos pero nuestras selecciones nunca deben estar basadas en la raza o algo tan superficial como el color de la piel. Muchos de nosotros han escuchado a otras personas decir claramente que no votarán por Barach Obama porque es negro. Tal vez dicen "Simplemente no puedo votar por esa gente." Pueden hacer diferentes críticas en contra de él basadas en presunciones erróneas o estereotípicas de personas negras. Por ejemplo, algunos talvez dicen que el es muselmán (un comentario que también refleja una discriminación religiosa) aunque en realidad no lo es; es un cristiano. O tal vez dicen que él solamente promoverá a su propia gente, que no es evidente, puesto que cuando fue legislador en Illinois o durante su tiempo en el Senado de los Estados Unidos no actuó así. Si examinamos sus posiciones sobre un sinfín de puntos, es evidente que él luchó por todas las personas, jóvenes y ancianas, hombres y mujeres, hispanos, negros, asiáticos y blancos. Por supuesto, Barach Obama no es perfecto. Nadie lo es. Uno puede oponerse a sus posiciones políticas, pero estos desacuerdos con él deben estar basados en su carácter, su experiencia o en las mismas posiciones políticas y no en el color de su piel. Debemos evitar estereotipos de personas negras; todos ellos no son iguales; responden en formas muy diferentes, igualmente como los hispanos y blancos. Por ejemplo, hay buenos y malos políticos hispanos, buenos y malos patrones asiáticos, y, lamentablemente, buenos y malos sacerdotes blancos. El color de la piel o la raza de una persona no determina cómo funcionará, y no debe ser la base de nuestro voto. Debemos votar basados en las posiciones políticas del candidato y su carácter. Esta es nuestra responsabilidad cívica y moral. Claramente es lo que Jesús haría y es ciertamente lo que él quiere que hagamos. Es irónico que unos hispanos y otras personas de color, quienes han experimentado tanta discriminación por el color de su piel o por su acento, discriminarían contra afro-americanos en la misma manera. Sería más entendible que hubiera una solidaridad entre todas las personas de color, negros, hispanos, asiáticos y otros porque todos generalmente han sufrido alguna forma de discriminación por ser personas de color, sea en el trabajo, buscando un departamento, haciendo una compra, o tratando con la policía. Nadie está totalmente libre del pecado de hacer distinciones entre personas basadas en sus apariencias exteriores aunque creamos que todos fuimos creados iguales por Dios y llamados por él a amarnos como hermanos y hermanas sin distinción. Como sus seguidores, Cristo no nos desafía a vivir como él. Jesús acogió a todos; incluyó a los excluidos, abrazo a los extranjeros, aceptó a los rechazados. El miró más allá del color de la piel, hasta los corazones y potencialidades de las personas. Así que, en las últimas semanas de la campaña electoral, si escuchamos a alguien decir que no votará por Barach Obama porque es negro, debemos levantar nuestra voz. Jesús lo haría. Desafiamos a todos a elegir representantes gubernamentales por la fuerza de su carácter y por sus posiciones políticas y no por el color de su piel. Seleccionemos a los oficiales políticos que harán un esfuerzo para construir una sociedad más justa. Como cristianos debemos actuar como Jesús. El acogió a todos, abrazándolos sin mirar al color de su piel. Si oímos a alguien decir que no votarán por Barack Obama porque es moreno, debemos confrontarles. Elijamos a nuestros oficiales representativos por sus posiciones políticas y su carácter no por su raza. Isaías nos presenta hoy la visión una montaña donde la paz y la justicia reinan. Allí habrá un festín con vinos exquisitos y manjares sustanciosos. Dios destruirá la muerte para siempre y enjugará las lágrimas de todos los rostros. Todos deseamos tomar parte en ese paraíso donde todas las personas estaremos unidas en el respeto mutuo y el amor verdadero. Mientras que nos reunimos alrededor de la mesa del Señor, nos acordamos del compromiso de él de unir a todas las personas en el amor. Comprometámonos a desarraigar el pecado de racismo de nuestros corazones, nuestras comunidades, de nuestra nación y nuestro mundo. Hagamos vitales las palabras del profeta Miqueas quien dijo:"Dios nos ha dicho en que consiste lo bueno y qué e lo que él espera de ti: que hagas justicia, que seas fiel y leal, y que camines humildemente a tu Dios."
Tanto nos gusta comer... esencial en el transcurso de la vida, sino para compartir con los familiares y amistades y para hablar de la "aventura" de la vida diaria, de las experiencias/dificultades/éxitos que ocurren. En general, estar juntos a la mesa para las comidas hace mas agradable la existencia nuestra,
Yo creo que en todas sociedades y culturas se celebran ocurrencias especiales de la vida con comida especial, con lo que se puede llamar "banquete".....con comida diferente de lo rutinario o común, con música, danzas, ropa más elegante de lo que se usa para la labor. Cuando hay algo que toca no solo lo fundamental de la vida del individuo sino con implicaciones comunitarias, con consecuencias muy importantes para la comunidad -- por ejemplo, ritos de dedicación como el Bautismo, matrimonios, compromisos que influyen la vida política (como cuando se echa juramento para servir el bien común -- casi siempre se incluye, con frecuencia como punto central de la celebración, un banquete!
Sabemos, por ejemplo, como Jesús comenzó su vida publica con el primero de sus "señales" públicos, durante una celebración matrimonial en Cana de Galilea [y, como sabemos muy bien, era la intervención/intercesión de María que dio cierto impulso cuando dijo a los sirvientes...y a nosotros..."hagan todo lo UE el les diga!] Pronto, el mes que viene, nos reuniremos como americanos a la mesa para celebrar la cosecha y la abundancia -- ojala con humildad/alabanza/agradecimiento profundo! --el Día de Acción de Gracias.
Anticipando el banquete mesiánico, la "comida definitiva" de nuestra existencia, Isaías nos habla hoy de "platillos sculentos" y de "vinos exquisitos y manjares sustan-ciosos". Tales imágenes nos presentan para sugerir que va a ser algo tanto más allá de nuestra experiencia de la vida ordinaria....y promete que las lagrimas y afrentas del pasado van a desaparecer allá en el Montse del Señor.
A mi me parece que hay sentido en que la comida de estos banquetes fabulosos, como el del matrimonio al cual somos invitados por Cristo en Mateo hoy, se puede entender en sentido eucarístico. Representan, yo creo, al "Banquete Eucarístico" que celebramos aquí y en cada misa. Para llegar a la vida eterna y ayudar en construir el Reino de Dios ya iniciado necesitamos comida que llamamos "Pan de Vida"...y como nos sostiene y nos fortalece en camino, podemos decir "Pan de los Fuertes".
Para llegar a la plenitud de la vida prometida por Jesús tenemos que admitir nuestras limitaciones y la necesidad de apoyo divino. Jesús nos ha aconsejado: "llama, pide, insiste"!...en la oración. Así, fortalecidos por su gracia y sus sacramentos, en particular por el "Santísimo Sacramento", podremos subir el "monte del Señor". Nos invita y busca respuesta a su invitación, no un espíritu escapista tímido en cuanto a lo de comprometerse o arriesgarse en caminar con El, en vivir en esa "Unión común/compartida" que se llama "comunión". Esto indica un deseo profundo de vivir en y con y por El....en amor sacrificado y servicial.
"Andres Kolzow, O.P." akkop@juno.com
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"Fr. John Boll, OP" <jboll@opsouth.org> (revised 01-11-08)
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