Preachers'  Exchange
 

By: Jude Siciliano, OP
Preacher/Instructor
in Homiletics
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HD - 4/27/08 (A)

Sexto Domingo del Tiempo Pascual

27 de Abril 2008

Ciclo A

Primera Lectura: Hechos 8: 5-8, 14-17

Salmo Responsorial: Salmo 66: 1-3, 4-5, 6-7, 16, 20

Segunda Lectura: 1 Pedro 3: 15-18

Evangelio: Juan 14: 15-21

El deber de Amor: ¿Dónde esta su fuerza?

Todos hemos experimentado el amor de una u otra forma. Nacemos con el amor debajo del brazo. Un padre, una madre, unos hermanos y hermanas, una familia que nos han aprendido a amar mucho antes de nuestro nacimiento. Crecemos ansiando ese amor que nos da la seguridad en nosotros mismos, que nos edifica por dentro, que va esculpiendo poco a poco la totalidad de lo somos y llegaremos a ser. El amor se convierte en la fuerza que nos humaniza y nos recuerda nuestra necesidad del 'otro' como el único lugar posible para alcanzar la plenitud humana. Pero el amor puede llegar a ser un arma de doble filo si no llegamos a entender el amor como una entrega gratuita, y buscamos equivocadamente poseer al otro como quien posee un carro o una casa.

¿De dónde viene el amor? ¿Qué energía física, biológica, química o psíquica produce en nosotros esa fuerza que llamamos amor? ¿Cual es la profundidad de esta fuerza que llamamos amor que hace que en ciertos momentos cruciales de la vida dejemos de ser meros mortales y nos parezcamos más a Dios?

Los seres humanos podemos llegar a amar con tanta fuerza que nuestro amor nos hace héroes ante los ojos de la humanidad y santos ante los ojos de Dios. Todos hemos escuchado historias de lo extraordinario que puede llegar a ser el amor humano. Madres y padres que han dado literalmente sus vidas por sus hijos. Hermanos o hermanas que han donado algunos de sus órganos vitales para salvar la vida de sus seres queridos o desconocidos. Soldados que han arriesgado sus vidas para proteger la vida de sus compaZeros de batalla.

Hombres y mujeres a lo largo de la historia que han derramado su sangre por la justicia y por la paz, por dar de comer al hambriento, por proteger y salvaguardar la vida de los pobres, de los oprimidos. Nuestra Iglesia Católica tiene una historia interminable de mártires que han profetizado y dado vida celestial a nuestro amor humano.

Lamentablemente, estamos mal acostumbrados a recrear en nuestras memorias las miserias e imperfecciones de nuestro amor humano. Pensamos del amor como la pasión desenfrenada de gavilanes que se ve en las telenovelas. Y nos olvidamos que el amor esta hecho de esos pequeZos momentos de gloria cuando nuestro amor se entrega gratuitamente sin pedir nada a cambio. Y estos momentos ocurren diariamente en el acontecer del corazón humano. Si estuviéramos más concientes de estos momentos, el mandamiento del amor se convertiría indiscutiblemente en nuestras vidas en una continua revelación del amor de Dios. ¿Qué necesitamos hacer con nuestro amor para que este sea capaz de hacernos mover montaZas, transformar nuestras vidas y nuestra sociedad, y acerarnos más al amor de Dios?

Tenemos que hacerlo un mandamiento. Tenemos que aprender a decirnos a nosotros mismos no tanto: 'quiero amar', pero más frecuentemente: 'debo amar'.Jesús nos presenta en el Evangelio según Juan el amor como el mandamiento más grande de la ley de Dios. Estamos acostumbrados a entender el amor como un sentimiento espontáneo, gratuito y libre, pero ¿cómo entender el amor como un mandamiento, como un algo obligado, como una ley? El mensaje de Jesús en Juan une amor y mandamiento. En virtud de obediencia se puede hacer el bien. Pero, ¿cómo hacer de la obediencia un amor?

"La traducción humana del amor eterno es el mandamiento", pues el mandamiento pone el amor a salvo de nuestras inestabilidades, de nuestro egoísmo, de nuestras ansiedades, y de nuestros cambios de humor. "El mandamiento otorga estabilidad al amor al hacerlo necesario: Tú debes amar. Así el amor humano puede asemejarse al amor divino y participar de lo eterno del amor". (Martin. Gelabert, Vivir en el Amor, 50:2005)

En un mundo de amores de tiempo parciales (part-time love) y condicionados (te quiero, si me quieres de la misma manera), el mandamiento expresa la incondicionalidad y eternidad del amor, el valor divino del amor, ese valor divino que nos permite realizar hechos sobrenaturales en la cotidianidad de nuestras vidas.

En boca de Jesús la palabra mandamiento no hay que entenderla en un sentido jurídico, pues para Jesús el amor es el corazón mismo de la vida, el nombre de Dios. Para Jesús amor y mandamiento son lo mismo. El mandamiento es expresión de la voluntad de Dios. Y la voluntad de Dios es que debemos aprender a amar, porque solo aprendiendo a amar alcanzaremos a entender quién es Dios y el modo en que Dios se hace presente en nuestras vidas.

Todos los seres humanos estamos hambrientos de amar y ser amados. ¿Cómo es posible que el amor sea un mandamiento? ¿Cómo es posible que algo como el amor que supuestamente es natural, libre y espontáneo necesite convertirse en un mandamiento? ¿Acaso no sabemos amar? ¿O es tal vez que algo o alguién nos ha hecho incapaces de amar? ¿Qué nos está incapacitando para amar con todas las fuerza que puede salir de nuestro corazón?

¿Quién nos dará la fuera para amar? ¿Quién nos dará el entendimiento para darnos cuenta en el diario bregar que nosotros estamos en corazón de Jesús y El esta en el nuestro gracias a la fuerza de Aquel amor que identifica al Padre con Jesús? La respuesta es muy sencilla y a la vez tan profunda y misteriosa como el amor mismo: solo el Espíritu Santo, el Abogado, el Intercesor, del cual somos templos, es quien nos das las fuerzas para amar de tal manera que hace el amor de Dios se haga presente en nuestras vidas y nos recuerde lo incondicionalmente que Dios nos ama. Dios permanecerá en nuestro amor y nunca nos dejara huérfanos.

W. Candanedo, O.P.

WCandanedo@opsouth.org

 


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Week 1 "Regina Mc Carthy, OP" <rmccarthyop@Yahoo.com>

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Week 4 "Fr. W. Candanedo, O.P." <WCandanedo@opsouth.org>

Week 5 "Sr Doris Regan,OP" <dmrdominicas@sigmanet.hn>

"Fr. John Boll, OP" <jboll@opsouth.org>

(revised 01-11-08)

 


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